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Científicos comprueban que la ceguera puede ser reversible por medio de terapia genética

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Un grupo de investigadores estadounidenses activaron las células madres en la retina de ratones ciegos y lograron convertirlas en receptores de luz con apenas dos inyecciones, informa la agencia RT en su portal web.

La muerte de los bastones y los conos de la retina puede deberse no sólo a alguna lesión o enfermedad: también comienzan a desaparecer a medida que envejecemos. La buena noticia es que en algunos peces y otros animales esa pérdida es reversible.

Incluso una vez dañada, la retina humana puede regenerarse de la misma manera en que lo hace la de un pez cebra (Danio cebra). Así lo creen científicos del Hospital Monte Sinaí y su vinculada Escuela de Medicina Icahn (Nueva York, Estados Unidos). Para eso proponen ‘enseñarle’ a ese órgano visual cómo sustituir los fotorreceptores muertos por otras células disponibles dentro del propio globo ocular.

 

En el ojo humano existen las mismas células que asumen la función de fotorreceptor en un pez cebra, e igualmente se los puede reactivar, sostiene el equipo investigador en un comunicado emitido este 15 de agosto, que recoge EurekAlert.

Los autores desarrollaron un procedimiento para alcanzar ese efecto por medio de la ingeniería genética. Dado que otros mamíferos tienen la misma desventaja humana de no poder activar la función regenerativa de la retina, experimentaron en ratones de laboratorio ciegos.

De división a transformación

A los animales les inyectaron en la glía (tejido nervioso con funciones auxiliares) un gen que instruye a esas células a dividirse para proceder acto seguido a la regeneración.

Una alternativa a esta primera inserción génica sería hacer cortes en la retina, mecánicamente, para dejar que células nuevas ocupen el lugar de las destruidas. Pero desde un punto de vista práctico, el científico coautor del método, Bo Chen, se cuestionó a sí mismo agumentando que “si tratas de regenerar la retina para restaurar la visión en una persona, es contraproducente dañarla primero”.

Unas semanas más tarde fue necesario administrarle a los ratones otra inyección ocular, que impulsó a las células madre a convertirse en bastones, en lugar de lo que originalmente eran: tejido auxiliar.

Entonces ocurrió la transformación: parecían bastones e interactuaban como tales con otras células de la retina. Aunque los ratones habían nacido sin esos receptores, después de las dos inyecciones podían ver como cualquier ratón sano.

El hecho de que esos bastones funcionen no necesariamente significa que los ratones obtuvieran una visión completamente funcional. Por eso el equipo de Chen procedió a una prueba adicional: soltó en laberintos a los roedores con retina recuperada, para determinar si la transformación activó correctamente todas las conexiones cognitivas.

Mientras esperan por una plena confirmación del éxito, los científicos han comenzado ya a planear experimentos con las células gliales humanas.