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Comer en familia fomenta el vínculo de confianza

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Quizá no te resulta fácil conversar con tu hijo, pues al preguntarle de diferentes actividades sus respuestas son un simple sí, no, puede ser… estas respuestas no te permiten conocerlo tanto como deberías y quizá te preguntas cómo lograr esa cercanía con tu hijo, pues una buena idea es la hora de la comida, un espacio sin televisión, Internet, redes sociales ni teléfono.+

Y es que la hora de comer es un momento del día en el que puedes contrarrestar todas las distracciones, juntar a toda la familia y captar su atención por el tiempo suficiente como para tener una conversación real.

Para que este tiempo funcione en beneficio de toda la familia es importante poner reglas claras en la familia, un ejemplo es  recordar que en la hora de comer, nadie puede utilizar su teléfono, computadora o tablet en la mesa. Es más, deben dejarlos en otra habitación para no escucharlos sonar o vibrar y sentirse tentados a levantarse para ver quién es.

“El espacio de la comida debe ser mágico. Una oportunidad para conocer lo que realizan en el día, lo que les preocupa. Un tiempo para que papá y mamá manifiesten sus necesidades, gustos, sugerencias y para que los hijos expongan sus sentimientos, dudas, sueños. La familia debe hacer un esfuerzo por lograr hacer una comida al día juntos, verán lo maravilloso que será y ya no dejarán de hacerlo”, precisó la psicóloga Tibisay Ríos.

¿Cómo lograr el éxito del compartir?

Convertirlo en un hábito

En lugar de cenar sentados en el sofá mirando la televisión algunas noches, y otras sentados a la mesa conversando, es una buena idea  sentarse juntos a la mesa a comer, aunque sea algo ligero, un hábito regular.

Comunicación

Busca la manera que la hora de comer sea un momento seguro, en el que cada uno pueda expresarse sin miedo a ser criticado o rechazado sus sentimientos, ideas, dudas. Si surge algún tema difícil, siempre puedes hablarlo más tarde en privado.

Cuidado con las preguntas

Intenta hacer preguntas que requieran una respuesta explícita, por ejemplo,  en lugar de preguntar “¿cómo te fue en el colegio?”, mejor pregunta ¿qué están estudiando en inglés? o ¿qué hiciste hoy con la abuela?

Importante no seas una metralleta de preguntas, los niños enseguida sienten cuando los padres estamos hurgando en su vida, y no les gusta, lograrás que se cierren y no quieran hablar.

Una forma de romper el hielo y lograr un poco de confianza es contarle a los niños cosas de tu vida, de lo que solías hacer a su edad. Habla y disfruta de la conversación y podrás enterarte de todo lo que desees saber sobre tus hijos.

fuente: Panorama