El «funk carioca», un baile estigmatizado por estar asociado a las clases más pobres, se ha convertido en un arma de empoderamiento entre las mujeres brasileñas, las que más sufren discriminación y violencia.

La actriz, bailarina y profesora de funk brasileño Taísa Machado ha escogido «el placer y la libertad» como lemas en las clases que imparte en el bohemio barrio carioca de Lapa y que se han extendido a varias regiones de Brasil e incluso a Argentina.

«Las mujeres llegan aquí y consiguen acceder a su sensualidad, el funk es complejo pero acaba siendo inevitable bailar y sentirse poderosa. Dentro de ese universo veo que mis alumnas blancas viven esa parte de su cuerpo con más libertad que las mujeres de la zona de donde yo vengo», afirmó a EFE.

Para Machado, de 30 años, la repulsa del funk es «la criminalización de la pobreza y el reflejo del racismo», que se potencia y, además, se mezcla con el machismo, cuando es «una mujer negra procedente de la favela quien está bailando la música».

El baile funk, que tiene influencias del hip hop y en cuya base destaca el sintetizador y la caja de ritmo, explota el erotismo, según explica la bailarina.

«La sexualidad es una de las mayores cárceles de las mujeres, asumir que se tiene placer o que se quiere tener aun es un gran tabú y muestra un dominio de los hombres sobre los cuerpos de las mujeres, como queda claro en los feminicidios», sostuvo.

Paradójicamente, las clases de Machado conforman «un punto de encuentro muy equilibrado» entre personas de las zonas más ricas y más pobres de la ciudad.

En las aulas se pueden encontrar mujeres de diferentes perfiles, desde jóvenes hasta más mayores y con diferente procedencia y capacidad financiera, por lo que, según la bailarina, «se rompen estereotipos y se crea una conexión con la ciudad».

La iniciativa de la bailarina de funk coincidió con la celebración este jueves del día internacional de la mujer afrodescendiente.

La comunidad afrodescendiente, que representa el 54 % de Brasil, continúa luchando contra la lacra del racismo y del machismo, que impregna las raíces de un país que lidera listas de violencia e inseguridad y donde el 75% de sus víctimas son negras o mulatas.

La celebración de este día ha adquirido tintes reivindicativos debido al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en el poder desde el pasado 1 de enero. A Bolsonaro le atribuyen declaraciones racistas, machistas y homofóbicas.

Fuente: informe21