El aire simplemente deja de entrar a los pulmones y en todo el cuerpo, pero se queda obstruido en alguna parte de las vías respiratorias superiores, desde la nariz hasta la laringe.

Esto le puede suceder a personas delgadas o con más peso, niños y adultos. La apnea del sueño es así: una amenaza que afecta a muchos, explica la otorrinolaringóloga y cirujana maxilofacial Sandra Zabala Parra, presidente de la Asociación Colombiana de Medicina de sueño (Acmes), al diario El Tiempo.

Se presenta cuando estamos más indefensos, al momento de dormir y justamente por eso es que para las personas que viven solas puede ser difícil de detectar, agrega la especialista en trastornos del sueño.

“Al dormir perdemos el control muscular, nos relajamos y aparecen estos eventos respiratorios -dice Zabala- por condiciones anatómicas, como una lengua, amígdalas o paladar grandes o una mandíbula pequeña”.

“Cuando esos músculos se relajan, las vías aéreas se estrechan o se cierran al respirar. No se recibe suficiente aire, lo que puede bajar el nivel de oxígeno en la sangre. El cerebro detecta esa ausencia y te despierta brevemente para que puedas volver a abrir las vías aéreas. Este despertar generalmente resulta tan breve que no lo recuerdas”, agrega Ronald Petersen, especialista del Centro para Investigación sobre la Enfermedad de Alzheimer en Clínica Mayo en Estados Unidos.

Este patrón puede repetirse de 5 a 30 veces o más cada hora, durante toda la noche y esto dificulta lograr alcanzar las etapas profundas del sueño. Los síntomas son el ronquido: “El ronquido es la vibración de alguna estructura de la vía aérea y la punta del ‘iceberg’ para saber que no se está teniendo buen sueño y que puede haber una patología”, asegura Zabala.

También el despertar súbitamente con el corazón acelerado y sin aire, levantarse en la mañana con sensación de haber descansado poco, fatiga durante el día y dificultad en la concentración. Incluso cambios de humor o del estado de ánimo pueden ser una señal.

Fuente: panorama